No hay secretos, pero hay una clave: uno debe atender a la intuición, sentir las cosas más que intelectualizarlas. Cuando un objeto llega a tus manos y lo colocas en algún lugar por primera vez, ese era su lugar, su sitio legítimo. Esa forma de abordar un objeto tiene más que ver con la creación. La intuición nos da la pauta para leer cosas que no han sido codificadas.
Cuando vi por primera vez el sitio donde construiría la casa Laureles, me impactó un par de encinos que ocupaban una pendiente del terreno, ligeramente sombreados por sus sinuosas ramas. No solo quería preservar la sensación producida por esos claroscuros proyectados sobre el suelo. Más importante aún, decidí respetar la presencia de estos magníficos huéspedes, que habían habitado ese lugar durante varias décadas. Fue así que el centro de la casa se entregó a un patio interior que mantendría a este par de árboles en las mejores condiciones posibles. Se convirtieron en una especie de señal —los verdaderos habitantes de la casa— y así, desde el momento mismo en que se trazó el proyecto, se decidió que serían incluidos.
Alrededor de este proyecto también giró la idea de rendir un modesto homenaje a alguien a quien considero uno de los pintores más importantes del siglo XX: Gunther Gerzso. Él exploró...
Nicola Lorusso Photography
MAAText
LAURELES
mexico city, mexico
1999
...como pocos, el efecto a contraluz —uno de los temas olvidados en la arquitectura. Lo lograba en cada lienzo con un equilibrio que dejaba de lado cualquier intento de improvisación; su belleza emanaba de los límites que él mismo trazaba.
También consideré invitar a otros artistas visuales, entre ellos Roberto Cortázar, Rafael Cauduro, Jorge Marín, Claudia Gallegos y Sandra Pani, quienes contribuyeron a enriquecer los diferentes espacios de la casa y dotaron a cada uno de su propia personalidad.
La casa contiene dos tributos. El primero es a la naturaleza, y el segundo a Gunther Gerzso.
Tengo la clara intención de respetar la naturaleza, de darle el lugar que merece y hacerla parte de mis obras. Es por ello que la preservo como un fragmento intocable.
Somos polvo de estrellas, somos energía, somos agua. Nuestro cuerpo es un 75 por ciento de este líquido vital. Somos también su ciclo, pues seremos el agua de una planta, y luego una nube, y después la lluvia que regresará a la tierra. Cada vez que un árbol muere, una parte de nosotros muere; morimos con él. Cada muerte nos hace morir un poco. Cuidar nuestro entorno es más que una idea, más que una frase. Protegerlo es protegernos a nosotros mismos, porque somos uno y lo mismo. Esa conciencia puede cultivarse, y debe guiar todas nuestras acciones.
Detalles de proyecto
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Miguel Angel Aragonés
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Juan C. León, Carlos Salinas
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Víctor Benítez
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Roberto Cortázar, Rafael Cauduro,
Gunther Gerzso, Mercedes Gertz
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Mexico City, Mexico
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1,090 M2