Epílogo

Hoy más que nunca, la arquitectura es un servicio que provee un espacio vital; consiste en un intento de producir belleza, ni más ni menos, a través de la mayor sencillez posible y al menor costo. Aquí el dinero importa, tanto que su deseo puede generar revoluciones disfrazadas de metas más poéticas, pero menos realistas. El oficio que defendemos, al igual que la medicina, la literatura, la ciencia o la albañilería, adquiere importancia dentro de un pequeño sector donde nos corresponde hacer lo que nuestros medios y circunstancias permitan o exijan; en mi opinión, las ideas simples y claras siempre resultarán mejor o, en todo caso, nuestra capacidad de expresarlas de forma más llana y precisa.

El arte, la ciencia y nuestras tareas cotidianas componen una red que debe ser desenredada. En los nudos que allí encontramos, cada uno de nosotros puede, desde su propia perspectiva y sin imperativos morales o ideológicos, descubrir los principios complejos de la física y hacerlos legibles al revelar su sencillez intrínseca; una que no comprendemos, pero que puede verse claramente por primera vez una vez que se halla su lógica entre el caos aparente. Lo invisible se aclara y amplía nuestra comprensión de una realidad que se perfila de manera objetiva, medible, numérica; algo que de ninguna manera se opone a la verdad filosófica (aquella que propone su propia lógica), sino que es más bien complementario, en una complementariedad que reside entre la ciencia y el arte, los números y la pasión que subyacen a nuestra condición humana. Vivimos entre la frialdad y la precisión, coexistiendo con la belleza y lo inefable... Me aterra la noción de un mundo sin belleza. Nos corresponde redimir la belleza e intentar descubrirla sin maniqueísmos ni ideologías. El universo es demasiado vasto para ser reducido a posturas colectivas o estilos. Las afinidades tribales son inherentes a las personas, pero adquieren una escala mayor una vez que se integran en una aspiración hacia lo universal. La evolución reduce las fronteras.

Reflejos de luces azules y blancas en agua oscura con movimiento y destellos.

La lógica produce certezas en el campo racional y armonía en la esfera emocional. La lógica de la serie de Fibonacci contiene una gracia numérica de un orden natural que es puramente estética; prefiero un universo lógico, ya que encuentro que tiende a ser más productivo, en términos generosos. Bajo el concepto de entropía subyace un principio lógico que nos obliga a reconsiderar: si somos capaces de utilizar recursos adecuados y medios de producción más eficientes, nuestra energía calórica se reduce; necesitamos producir alimentos, vivienda y todo lo necesario para subsistir con la mayor calidad posible y el menor consumo de energía. El confort es una aspiración universal y no solo un beneficio destinado al llamado mundo desarrollado. De hecho, creo que la cultura está sujeta a esta realidad. El arte abre fronteras ideológicas y mentales, pero también nos permite darnos cuenta de que es tan amplio como nosotros consideremos que es; los museos y templos dedicados al arte oficial y reconocido ya no prevalecerán como símbolos de poder e imposición cultural, y en nuestra existencia cotidiana, ya no poseerán una importancia impuesta y preasignada; la tecnología ha transformado el cine y la música, y continuará transformando el verdadero valor de las cosas. No hay puntos fijos y estáticos. La cultura se transforma cada día y se mueve mucho más rápido que las burocracias e imposiciones oficiales. Somos escépticos, porque la libertad que hemos ganado nos obliga a pensar más y actuar bajo la lógica de la consistencia, en lugar de la de la imposición. (La ley de la gravedad existe no solo por decreto, y a pesar del hecho de que un objeto pesado pueda aplastarnos). El arte oficial se está disolviendo bajo la lógica de sus testaferros. El valor y el precio han jugado un papel estratégico fino, aunque bastante banal, que muchos de nosotros descubrimos y del cual nos volvimos escépticos; por ello, elegimos creer en la naturaleza de las cosas en lugar del artificio impuesto. Las culturas locales son revalorizadas por su apego a su propia naturaleza y medios. Por encima de todo, las ideologías se disuelven ante un desbordamiento de inteligencia y emotividad, en armonía con nuestro entorno. La arquitectura es una tarea sencilla que nos acerca al arte, pero la era de los genios, artistas y aquellos tocados por Dios está evolucionando hacia la del simple artesano que intercambia horas de público.

MAA

Sobre el Taller

Reflejos de luces azules y blancas en agua oscura, con formas difusas y vapor.