Espacio

Tita

mexico city, mexico

1999

En los últimos años, como Director de una de las principales escuelas de arquitectura de México, he tenido tiempo para una amplia reflexión sobre lo que es la arquitectura y lo que debería ser. He tenido la oportunidad de escuchar diversas definiciones del término, casi todas desde una perspectiva puramente académica, permeadas por una retórica que poco hace por aclarar la esencia y los fundamentos de nuestra disciplina.

He visto y buscado construcciones que me han ayudado a obtener una comprensión más plena de su esencia y, en muchos casos, he encontrado la misma retórica hueca y carente de contenido, esforzándose por asemejarse a la producción arquitectónica de otros. En mi incansable búsqueda de un destello de motivación que arroje luz sobre estas reflexiones, en Miguel Ángel Aragonés he encontrado algo que él busca constantemente y que me parece una parte esencial de la creación de espacios: “dotar de dignidad al hombre y a su entorno”. A lo largo de la historia, podemos distinguir la gran arquitectura basándonos en esta premisa, pues es aquí donde las artes convergen como el elemento fundamental utilizado para enriquecer la vida de las personas que habitan los espacios que los arquitectos crean, algo que Aragonés ha demostrado en una carrera que abarca 23 años.

Nicola Lorusso Fotografia

Carlos Ruiz De Chavez Texto

Las obras son verdaderamente notables en su calidad espacial. En ellas podemos apreciar el uso de los materiales que hace el arquitecto, prácticamente sin fisuras y con gran sobriedad, ya que no aspiran a dominar un espacio determinado, sino que se doblegan a la voluntad del arquitecto para crear efectos espaciales que acercan al hombre a sí mismo y al mundo que lo rodea.

El manejo de la luz en la obra de Aragonés la dota de color, y el color resultante, a su vez, otorga una variedad recurrente a su trabajo artístico. En este sentido, su arquitectura expresa, su arquitectura habla, su arquitectura canta. Así, podríamos decir que Miguel Ángel Aragonés es un arquitecto por excelencia porque la arquitectura es su esencia; ama la arquitectura y vive para ella.

Desde mi perspectiva, la cualidad más sobresaliente de Miguel Ángel es su lado humano, lo que lo convierte en un arquitecto que expresa su sensibilidad única hacia las necesidades espirituales del hombre, creando espacios que otorgan dignidad a nuestra vida cotidiana.

La complejidad derivada de construir sobre una obra preexistente no fue limitante para Miguel Ángel Aragonés en su empeño creativo de plasmar su sello personal en esta casa, con un lenguaje arquitectónico que abarca la luz natural, el color y variadas texturas —características de toda su obra—, produciendo una estructura expresiva y rebosante de emociones.

A partir de una propuesta totalmente nueva para ampliar las áreas correspondientes a la estancia central, la terraza y la recámara principal, desde el inicio Aragonés buscó aprovechar todos los elementos estructurales existentes para generar un nuevo sentido espacial.

Sobra decir que las limitaciones impuestas por los factores preexistentes convirtieron el proyecto en un desafío formidable de superar y, según el propio arquitecto, su conclusión exitosa fue posible únicamente gracias a un esfuerzo conjunto con los clientes y a un análisis detallado de los factores programáticos y contextuales que condicionaban el proyecto.

Los volúmenes de esta construcción dan paso a fachadas masivas que se combinan con amplios vanos, en un esquema horizontal, los cuales conectan visualmente los espacios con el exterior desde el corazón mismo de la casa, en una atmósfera íntima de muros blancos y pisos de mármol pulido, como envuelta en un resplandor transparente.

Detalles de proyecto

  • Miguel Angel Aragonés

  • Georgina Amador, Juan C. Leon, Juan Carlos Calanchini, Gabriel Villalobos

  • Nicola Lorusso

  • Xawery Wolski

  • CDMX, Mexico

  • 1,102 M2