Contenido

 EUCALIPTOS 77 

Recuerdo que cuando me invitaron a formar parte del grupo de arquitectos que desarrollaría un proyecto de 700 condominios y casas, un conjunto urbano que se albergaría en 22 hectáreas parte de una insólita reserva territorial en el Pedregal, al sur de la Ciudad de México, tenía delante de mí algunas piezas de cerámica de Gustavo Pérez: una serie de vasijas que se transformaban, paso a paso, de cilindro a pirámide. Cada pieza contenía una frase, un mensaje, y conformaba cierta personalidad, cierta independencia. Sin embargo, cada una tenía sentido en función del resto del grupo y formaba parte de una idea total. A partir de esto reflexioné, y llegué a pensar que así debía ser una ciudad.

Lo que más recuerdo de esa casa es la presencia del cielo. En una ciudad tan densamente construida y habitada es difícil reencontrarte con algo tan elemental y gratuito como el azul celeste y sus crepúsculos. Sigo pensando que hacer arquitectura en México conlleva aprovechar la luz al máximo, y en ese sentido Eucaliptos 77 se brindó a esa condición lumínica con la intención de atrapar la luz desde el amanecer hasta la caída del sol. En muchos de los muros realicé cortes deliberados; los rasgué y corté, que no es otra cosa que dibujar con luz. Cuando conoces la casa sientes cómo el terreno cae, y al caer se abre hasta la parte trasera para terminar en un barranco, un espacio que produce una intensa sensación de vértigo, de apertura. Tracé una línea curva de punta a punta del terreno. Esto, con la idea de que cuando el visitante entrara a la casa recorriera un largo pasillo sin ver el final.

Esta casa tuvo dos propósitos, base de su composición: el primero fue respetar el barranco. De alguna manera quise jugar con el vértigo que me causó y recrear esa sensación en el usuario; el segundo tuvo que ver con cinco árboles alrededor de la obra existente, que fueron la pauta para componer una serie de ventanas y patios que los circundaran, así como ciertos muros y contenciones que fueron el límite del terreno y de las construcciones futuras. Particularmente, dos laureles fueron los que se hicieron presentes. Frecuentemente me he propuesto destinar algunos espacios específicos de mis casas a obras plásticas de ciertos artistas. De esta forma sus obras se integran y encuentran su recinto, un lugar no dejado al azar desde donde ser contempladas y admiradas. Obras de artistas, muchas veces creación de amigos y colegas, que simultáneamente protagonizan y complementan el espacio arquitectónico. Esta idea o ejercicio de convivencia, este encuentro inusual entre artistas visuales y arquitectura, ha resultado muy enriquecedor y placentero.

contacto@aragones.com.mx
(01 55) 5251 9170