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 CASA SALOMÓN

Recordaré por siempre ese rincón en el Convento de las Capuchinas. La luz ambarina, casi dorada, que entraba al templo a través de un modesto techo de asbesto, hizo de aquel momento una experiencia literalmente sagrada.

En una ocasión, cuando era estudiante, alguien me habló de la Casa Gilardi de Luis Barragán. La describió con tal emoción, que la imaginé perfectamente. Soñé y recreé en mi mente el espejo de agua y todos los espacios narrados en aquella plática. Entonces, empecé a crear en mi cabeza aquella casa del maestro. Cuando la visité por primera vez mi sueño palideció, pues la visión resultó totalmente distinta de lo que había imaginado. Fue tan contundente, tan potente mi encuentro con aquel espacio..., que quedé profundamente impactado. Tanto así, que durante mucho tiempo trabajé inspirado en él y deseé lograr obras como ésa.

Mi casa actual se parece más a la primera casa que yo creé mentalmente, a aquella imagen propia de la Casa Gilardi. Hoy sé que en el trabajo maduro las influencias se desvanecen y sólo operan en ti de manera inconsciente; hoy he constatado que el estilo personal responde a los sueños.

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