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 CASA LA PALMA 

México es un territorio custodiado por el Sol. ¿Cómo no aprovechar, entonces, ese patrimonio y hacerlo protagonista, cómplice del espacio arquitectónico?, ¿cómo no permitir que en nuestros interiores habite su poderosa presencia?, ¿cómo no utilizar la luz natural para generar atmósferas y sensaciones? El sol es al arquitecto lo que la brújula al navegante; es el punto de partida, el principio orientador de todo proyecto. Cuando ves un terreno, lo primero que tienes que averiguar es por dónde sale el sol y por dónde desaparece; por dónde quieres que entre durante el verano y por dónde en el invierno. Hay que atrapar al sol, manipularlo, seducirlo, guardar su luz, no dejar que se disperse, matizarla para los interiores. Esta habilidad el arte de contener luz convierte al arquitecto en traductor, una suerte de alquimista.

La latitud como en la navegación es el marco de referencia de la arquitectura. En la Ciudad de México, por ejemplo, la casa se calienta hacia el sur: luz continua, contundente, luz que dura todo el sol. La luz del poniente, en cambio, tiene otro color y otra duración. Sin lugar a dudas, la latitud colorea al mundo. La latitud y una de sus consecuencias, el clima, son factores generadores de costumbres, de características culturales, de cosmogonías. La luz es una constante. Cuando se distorsiona, cuando se modifica en su frecuencia o en su longitud de onda, se logran diferentes colores y tonalidades: luz amarilla, azul, blanca. Entonces, el arquitecto dibuja, pinta con luz; la toma del amanecer o del atardecer y permite que irrumpa en los espacios, que se refleje en los muros como si estos fueran lienzos.

Uno de los aspectos más notables del trabajo de Luis Barragán radica en el manejo de la luz. Muchos arquitectos mexicanos contemporáneos han hecho de ella una herramienta indispensable, han recorrido ese camino y recreado esa enseñanza. También la luz puede resultarnos un enigma, pues en ella hay mucho más que aquello de lo que nos damos cuenta. Entenderla implica desentrañar los conceptos de espacio y tiempo. Este último es fundamental en la arquitectura, pues el destiempo, su opuesto, es el plano; el equivalente a un gráfico bidimensional, una visión estática del espacio. Es la parte conceptual que dice en líneas lo que el arquitecto quiere hacer: su idea, su proyecto. Lo único que da vida a ese plano en el espacio es el tiempo. La arquitectura es movimiento. Cada espacio es parecido a una nota musical, y la secuencia de esas notas se traduce en ritmo.

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