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 CUMBRES DE SANTA FE 

La idea arquitectónica aterriza y logra su plenitud total en el espacio. El dibujo es el medio con el que se expresa esa idea, es la primera forma tangible de un proyecto. Implica una conexión muy fina entre el cerebro y la mano, la primera traducción en líneas de lo que se concibe y finalmente se erige. En la escuela me costaba mucho expresar mis ideas. Esto a menudo me resultaba frustrante, pero aunque dibujaba torpemente intenté siempre plasmar en líneas el contenido esencial, la idea necesaria. Resulta útil y divertido que la obra que finalizas la casa, por ejemplo, se convierta en una especie de laboratorio en el que tú mismo experimentas.

Cuando vives por un tiempo en una casa que tú mismo creaste, puedes ver y constatar sus aciertos y limitaciones. Resulta un aprendizaje continuo. También aprendí de mi trabajo a través de fotografías de los espacios terminados. Gracias a estas imágenes entendí muchas cosas del fenómeno lumínico. Así, por ejemplo, pude comprender de qué estaba hecha la luz del crepúsculo, ese instante tan fugaz, y busqué conseguir que ese momento lumínico se congelara en otros espacios. También busqué entender los contrastes entre la luz de los interiores y la de los exteriores, la clave para que la luz permitiera la unidad de los espacios, la fusión del adentro y el afuera en mis construcciones.

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