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 EUCALIPTOS 65 

La arquitectura envuelve, cobija. En eso radica su nobleza y poder. El caos urbano genera angustia, y por eso busco hacer espacios que ofrezcan paz, espacios para la contemplación. Con mis casas intento aislar a los habitantes de la ciudad, protegerlos, alejarlos del ruido, darles un ordenamiento interior, que es una de las definiciones del sosiego. 

El complemento en la ciudad es la posibilidad de escuchar sonidos, de vivir el silencio.

El funcionalismo no contempló los estados anímicos ni ciertos aspectos psicológicos, a pesar de haber surgido durante el auge del pensamiento freudiano; no tomó en cuenta que los espacios también pueden gestar en recuerdos de lugares y rincones de la casa primigenia: el espacio custodiado por la madre, la mesa familiar que compartimos; olores, luz de tardes sólo nuestras, sensaciones grabadas en nuestra memoria más antigua. Con el halo de ella vivimos y creamos, y de alguna manera no tangible la reproducimos en muchos de nuestros actos e incluso en nuestra obra. Al crear un espacio, intento preservar los mayores estímulos del gozo.

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