Contenido

 EUCALIPTOS 77 

Lo que más recuerdo de esa casa es la presencia del cielo. En una ciudad tan densamente construida y habitada es difícil reencontrarte con algo tan elemental y gratuito como el azul celeste y sus crepúsculos. Sigo pensando que hacer arquitectura en México conlleva aprovechar la luz al máximo, y en ese sentido Eucaliptos 77 se brindó a esa condición lumínica con la intención de atrapar la luz desde el amanecer hasta la caída del sol. En muchos de los muros realicé cortes deliberados; los rasgué y corté, que no es otra cosa que dibujar con luz. Cuando conoces la casa sientes cómo el terreno cae, y al caer se abre hasta la parte trasera para terminar en un barranco, un espacio que produce una intensa sensación de vértigo, de apertura. Tracé una línea curva de punta a punta del terreno. Esto, con la idea de que cuando el visitante entrara a la casa recorriera un largo pasillo sin ver el final.

Esta casa tuvo dos propósitos, base de su composición: el primero fue respetar el barranco. De alguna manera quise jugar con el vértigo que me causó y recrear esa sensación en el usuario; el segundo tuvo que ver con cinco árboles alrededor de la obra existente, que fueron la pauta para componer una serie de ventanas y patios que los circundaran, así como ciertos muros y contenciones que fueron el límite del terreno y de las construcciones futuras. Particularmente, dos laureles fueron los que se hicieron presentes. Frecuentemente me he propuesto destinar algunos espacios específicos de mis casas a obras plásticas de ciertos artistas. De esta forma sus obras se integran y encuentran su recinto, un lugar no dejado al azar desde donde ser contempladas y admiradas. Obras de artistas, muchas veces creación de amigos y colegas, que simultáneamente protagonizan y complementan el espacio arquitectónico. Esta idea o ejercicio de convivencia, este encuentro inusual entre artistas visuales y arquitectura, ha resultado muy enriquecedor y placentero.

contacto@aragones.com.mx
(01 55) 5251 9170